TRASTORNOS ASOCIADOS A LA AFASIA

Disartria

La disartria es mucho más frecuente que la afasia. Se caracteriza por una mala articulación a la hora de hablar, incluso cuando las funciones cerebrales del lenguaje están preservadas.

Es decir, la parte del sistema nervioso encargada de dar órdenes de movimiento a boca, laringe o cuerdas vocales estaría dañada. Al igual que la afasia, también puede aparecer tras Daño Cerebral Adquirido, por lo que hay veces que una persona puede tener estos dos tipos de déficits de comunicación.

Trastornos en la memoria

Siempre hay que diferenciar entre afasia (lo sabe, pero no puede decirlo) y memoria (no recuerda). No obstante, la relación íntima que hay entre memoria y lenguaje implica que puede haber situaciones en las que una persona presente trastornos en ambas funciones. En este apartado distinguimos tres tipos de memoria ligadas a la producción del lenguaje:

La memoria del trabajo es aquella que se mantiene un breve periodo de tiempo para poder realizar tareas operativas de almacenamiento y manipulación de la información. La memoria a corto plazo fonológica, empleada en tareas de repetición de palabras, es un tipo de memoria del trabajo.

La memoria semántica está relacionada con la retención del conocimiento. Por ejemplo, a la hora de nombrar una lista de frutas o la capital de un país se está activando este tipo de memoria.

La memoria episódica se activa con el recuerdo de las vivencias personales. Por ejemplo, al preguntar a una persona sobre su edad o incluso sobre lo que ha desayunado esa mañana.

Epilepsia

Durante una crisis epiléptica las señales eléctricas de las neuronas se disparan de forma excesiva y desordenada dando lugar a síntomas que varían según la región cerebral afectada: alteración de la conciencia, de la percepción, del movimiento, conducta anómala…

Estas crisis no duran más de dos minutos y después de ellas las neuronas afectadas pierden momentáneamente su función ya que han consumido toda su energía. Esto se traduce en un periodo de cansancio, somnolencia, confusión, hemiparesia o afasia.

En la mayoría de los casos, la epilepsia surge por una alteración genética. No obstante, es uno de los trastornos asociados a la afasia porque puede surgir por lesiones cerebrales estructurales o por enfermedades metabólicas.

Alteraciones visuales

En algunas ocasiones, el daño cerebral que provoca una afasia también puede producir una falta de riego sanguíneo a regiones encargadas de la vista. Como consecuencia, los síntomas visuales que suelen aparecer son los siguientes:

Hemianopsia: Pérdida de visión de la mitad del campo visual de cada ojo. La mitad afectada es la contraria al hemisferio afectado por un infarto cerebral. Es decir, si una persona tiene dañada el hemisferio izquierdo, no verá ni con la mitad derecha de su ojo derecho, ni con la mitad derecha de su ojo izquierdo.

Diplopia binocular: La persona afectada ve doble al mirar con los dos ojos, pero no con cada ojo por separado. No solo es uno de los trastornos asociados a la afasia, también puede ser una señal de que se está sufriendo un infarto cerebral. Si sientes que la imagen se desdobla, o en su defecto se ve borrosa y mejora cuando te tapas un ojo, llama inmediatamente a emergencias.

Ceguera cortical: Es la pérdida completa de visión. A veces el afectado no es consciente de que no puede ver, lo que se conoce como síndrome de Anton.

Agnosia visual: La incapacidad para reconocer objetos/personas a pesar de preservar la capacidad para percibir la luz, la forma, el color y el movimiento.

Disfagia

En la alimentación hay una fase que se controla: la preparación del bolo alimenticio a través de los movimientos necesarios de la boca, lengua, dientes… No obstante, hay otra fase involuntaria que es cuando el bolo es impulsado a la faringe. Es ahí cuando entra el acto reflejo de no respirar para que el alimento no pase por las vías respiratorias.

La disfagia es el problema para tragar alimento, ya sea sólido o líquido. Esta alteración puede ser transitoria, apareciendo durante las primeras semanas de la afasia, o perdurar en el tiempo. Es un problema severo ya que puede provocar desnutrición, deshidratación, estreñimiento y neumonía por aspiración.

Apraxias adquiridas

Son trastornos asociados a la afasia también de carácter neurológico. Las personas con apraxia son incapaces de llevar a cabo tareas o movimientos cuando se le solicita, a pesar de haber entendido la orden y desear realizarla, y con los músculos que han de ejecutar la orden en perfecto funcionamiento.

Apraxia bucofacial es la incapacidad de realizar movimientos de la cara a petición como sacar la lengua, silbar, besar…

Apraxia del habla es la dificultad de realizar los movimientos fonoarticulatorios para hablar. Suele coexistir con la afasia.

Apraxia ideatoria es la incapacidad de realizar en orden tareas aprendidas (ponerse los calcetines antes de ponerse los zapatos).

Apraxia ideomotora es no poder ejecutar una actividad de forma voluntaria cuando se tienen los objetos necesarios.

Apraxia cinética de las extremidades es ser incapaz de ejecutar tareas específicas con piernas y brazos (atarse los cordones).

Apraxia constructiva es no poder copiar, dibujar o construir figuras simples.

Apraxia oculomotora es la dificultad de mover los ojos a voluntad.

Apraxia de conducción es tener dificultad para imitar posturas.

Apraxia conceptual es, o no reconocer la acción de un objeto (cuchillo para cortar), o no asociar objetos comunes (clavo y martillo).

Síntomas motores

Es bastante frecuente que las afasias motoras vayan acompañadas de paresias o plejias. Estas se desarrollan en alguna extremidad del lado opuesto en el que se ha sufrido la lesión cerebral. 

En una paresia el cerebro tiene dificultades para mandar órdenes de movimiento al miembro afectado, mientras que en una plejia la parálisis es total. Cuando este trastorno afecta al mismo tiempo tanto al brazo como a la pierna contralateral, hablaríamos de hemiparesia o  hemiplejia.

Otros trastornos asociados a la afasia

Otros trastornos asociados a la afasia bastante frecuentes son las alteraciones sensitivas (hormigueos, disminución de sensibilidad al tacto, dolor espontáneo…) y las  alteraciones conductuales (depresión, apatía o incluso ansiedad).

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